Los vinos al igual que el resto de productos de consumo varían según las tendencias y gustos de cada época. Si en la actualidad preferimos vinos más suaves que se beben más rápido, años atrás los consumidores buscaban una bebida más potente con mucha sensación de barrica: los vinos de guarda.

El primero de estos vinos data del siglo I a.C cuando se cambiaron las tradicionales ánforas de barro por barricas de madera que mejoraba su transporte y permitía a la bebida envejecer dentro del contenedor. La suma de las condiciones climáticas y la zona geográfica confieren a este vino un caracter especial; el clima fresco le aporta un buen nivel de acidez y ayuda a que la bebida aguante en el tiempo.

Burdeos y Champagne son dos áreas perfectas para la elaboración de estos vinos; a escala nacional, en la zona de Tremp (Cataluña) los monjes hospitalarios ya sabían en el siglo XI que la acidez de sus vinos les proporcionaba una vida más larga.

La crianza es unos de las fases más importantes para los vinos de guarda, los cuales pueden envejecer tanto en barrica como en botella. Además, cobra especial relevancia el tapón que se utilice. Éste debe ser de corcho natural y verde; envejeciendo y evolucionando al mismo tiempo que la bebida que contiene la botella.

Por ultimo, en la elaboración de este producto se presta especial atención a su conservación. Si no se hace correctamente, las propiedades del vino de guarda se perderán y ser convertirá en un vino corriente.

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